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HISTORIA DE LA RADIO EN CULIACAN
   
 
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A continuación presentamos cinco documentos que nos llevan a conocer los inicios de la radio en esta ciudad y sus pioneros.
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Roy Campos Patterson
La historia de la radio en Culiacán comenzó en 1936, con una estación sin nombre y hechiza, construida por Maximiliano Gómez Blanco. La transmisión fue realizada desde un edificio que estaba a un costado de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que en ese tiempo se llamaba Colegio Civil Rosales, frente a la plazuela, y tocaba de nueve a doce y de dos a seis de la tarde. La gente se congregaba en la plazuela Rosales, donde vendía raspados “El Capi Cisneros; ahí ponían una bocina y escuchaban las emisiones de Gómez Blanco.

En el desarrollo de la radio en Culiacán intervinieron los que yo llamo “Los Tres Caballeros de la industria de la radio en Sinaloa”. Fueron: primero, Enrique Max Gómez Blanco, ayudado por su esposa, la maestra doña Angelina Viedas, quien fue una destacada dama, muy profunda conocedora de lo que era la educación en Sinaloa; segundo, Roberto Pérez Alvarado, quien todavía vive, tiene más de noventa años de edad; y, tercero, Héctor Ramos Rojo, quien para mi era el tercero de los Tres Caballeros de la industria de la radio en Sinaloa.

En esos años la radio era muy rudimentaria. Simplemente era más difícil cargar el micrófono que hacer la transmisión, ya que eran muy pesados. Había muy pocas refacciones para el radio, y se tenía muy poco alcance: Aquí, la única emisora de fuera que se escuchaba era la XEW de México.

Después de la XEBL, nació la XESA; luego la XENW; después la XENZ; la XEWS, etc., etc. Ahorita hay muchas emisoras.

Una de las satisfacciones más grandes que he tenido en mi vida, es que la radio en Culiacán fue la base para el desarrollo de la ciudad y de sus instituciones de servicio. Lo anterior, fue gracias a aquellos maratones que se hacían para recabar fondos para: los bomberos, para la construcción de la iglesia de “La Lomita”, la Cruz Roja, etc. Todo se hacía a través de las radiodifusoras que en ese entonces existían. En los maratones participábamos todos los locutores en forma totalmente gratuita, sin cobrar un solo centavo; únicamente nos movía el interés de realizar un acto en beneficio de la sociedad.

En aquel entonces había magníficos locutores. Estaban: Héctor Paliza, toda una institución en la radio; su hermano Alfonso Paliza; los Cárdenas Trasviña; estaba Fray León, quien en mi opinión fue el mejor locutor de fuera que vino a trabajar aquí; era tapatío. Estaba también en esa época de los cincuentas, lo recuerdo muy bien, un sobrino del famoso Dr. IQ Marrón Franchutti, él se llamaba Fausto Franchutti; estaba también Raúl Gálvez de la Rosa; estaban los Buelna; Agustín de Valdés transmitía ya los juegos de béisbol, hacíamos una mancuerna (siempre hemos sido muy buenos amigos). Había muy buenos locutores en esa época.

Recuerdo que transmitíamos el béisbol o el fútbol. El señor Silman, que en paz descanse, tenía que subirse a las azoteas de las casas para tender una línea, porque no había otra manera de hacer esas transmisiones. Técnicamente no había ni la décima parte de las facilidades que hay ahora para hacer controles remotos, hacer transmisiones y conectarse con radiodifusoras de otros países.

Cuando nació la radio en Culiacán, se inició el cambio del rancho grande a lo que comenzó a ser una ciudad. Desapareció el viejo ferrocarril que se le conocía como “El Tacuarinero” que iba de Culiacán a Altata. Comenzaban a venir vuelos de lo que entonces se llamaba Aerovías. En ese entonces Culiacán era muy chico. Por ejemplo, la colonia Guadalupe estaba deshabitada todavía. Los límites al norte llegaban a la colonia Tierra Blanca. Entonces sólo había 18 colonias, y ahora hay más de 180.

En aquel entonces teníamos que apegarnos mucho al Reglamento de Radio y Televisión. Ahora se dicen chistes de doble sentido, inclusive en la televisión se muestran escenas de cama. Quien inspeccionaba a las radiodifusoras era la máxima autoridad en telégrafos, y nos vigilaban, pero era una censura muy relativa. Se manejaban otros valores… bueno, son los mismos de ahora, pero se manejaban de otra manera; nosotros no podíamos intimar ni atacar en la forma como se hace ahora.

Había programas musicales, muy pocos noticiarios. Había programas de concursos: “Tómelo o déjelo” era uno de ellos. Los programas de aficionados; aquí surgieron grandes figuras como Lola Beltrán, que trabajó como secretaria en la XEBL, enviada por Roberto Pérez Alvarado; “Los Capomos” que son más recientes; Pedro Infante, que trabajaba en la XEBL, y que también cantaba en la estación; Fausto Miller; había una cantante que la llamábamos “La Muñequita que canta”, ella era una secretaria de una firma comercial, cantaba precioso, Martha Elena Traslaviña. Había muchos cantantes, eran programas musicales, románticos y muchos concursos.

Yo recuerdo con cariño a todos mis compañeros, pero en especial a los que iniciaron la radio en Sinaloa: a don Héctor Ramos Rojo, una bellísima persona. A Max Gómez Blanco, quien me dio toda su confianza, y a don Roberto Pérez Alvarado, quien fue mi primer patrón. Todos ellos magníficas personas.

Yo no añoro la radio, porque creo que ahora es el momento de los jóvenes y admiro cuando surgen nuevas figuras. Yo les podría aconsejar a los jóvenes que, lo que hagan, lo hagan con muchas ganas; que se enamoren de la radio, que sientan lo que nosotros sentíamos. Que el edificio que alberga la estación radiodifusora para la cual trabajábamos, era nuestro segundo hogar y le entregábamos el corazón a lo que hacíamos.
Tomado del libro: Historia de la Radio en Culiacán, Sinaloa, primera edición, año 2006, pp. 56, 57, 58 y 59; escrito por Luis Antonio García y Roberto Montoya Martínez.
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INICIAMOS ESTA SECCION CON EL ENSAYO "RADIODIFUSION Y SINDICALISMO" ESCRITO POR EL PERIODISTA Y LOCUTOR ALFONSO L. PALIZA (Q.E.P.D.)
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Y llegó a Sinaloa...

La primera señal de una incipiente industria plantada por el aficionado a la radiotelefonía y telegrafía que había pasado con calificaciones sobresalientes su operación en México, el Profesor Enrique Maximiliano Gómez Blanco, hendió el límpido cielo de Mazatlán en 1939 sin precisarse la fecha que operó la radiodifusora bajo el indicativo de XEBN.

En la esquina de Canizales y General Ángel Flores quedaron instaladas las oficinas, cabinas de locutores, el pequeño teatro estudio dotado del indispensable piano, para acompañar a los aficionados al canto y declamación, deseosos de darse a conocer a un público ya aprobados sus gustos con las ocasionales presencias de errantes compañías integradas por orquestas sinfónicas, sopranos y tenores que alcanzaron fama.

En Mazatlán todavía perdura, como testigo de los tiempos la tumba de Ángela Peralta, llamada “El Ruiseñor Mexicano” que falleció por contagio de la epidémica fiebre amarilla.

De construcción artesanal fue el primer equipo transmisor que se puso en operación, en cortas jornadas de trabajo, siendo la señal de corto alcance y muy limitadas sus programaciones musicales debido, más que todo, a que el material discográfico disponible se ofertaba en breves catálogos, aunque ya se escuchaban en los fonógrafos caseros las primeras grabaciones del trío femenino Garnica-Ascencio, Juan Arvizu llamado el Tenor de la Voz de Seda; Agustín Lara que escandalizaba a la pecata sociedad con canciones salidas de los muchos burdeles capitalinos en calidad de pianista amenizador de las juergas de muchos señores que pagaban los consumos en forma dispendiosa y con monedas de oro, que todavía circulaban como rechazo al papel moneda despreciado como algo sin valor. Los bilimbiques de los tiempos revolucionarios.

Las grabaciones matrizadas en cera se exportaban para su proceso en los Estados Unidos, siendo el más activo agente y representante de catálogos internacionales de música Emilio Ascárraga Vidaurreta que fundara XEW que, sin tener alcances más allá de nuestras fronteras, refrendó el bautizo apellidándola “La Voz de América Latina desde México”.

Por decenas se contaban los primeros propietarios de radiorreceptores reemplazantes de los llamados radios de galena, cuyas emisiones captadas dificultosamente, se recibían con rústicos audífonos.

Prosperó la temeraria aventura, ensayo que no anticipaba éxitos artísticos y ganancias futuras por lo limitado del mercado y los rechazos de comerciantes apegados a viejos procedimientos anunciadores.

La publicidad es un gasto inútil pues mi clientela sabe lo que vendo y a cómo lo vendo, decían ufanos y convencidos.

Fortalecidos con los resultados de sus iniciales experiencias, Gómez Blanco se trajo el equipo a Culiacán para alojarse en la planta baja del Internado del Estado, casa escuela de escolapios identificados como azulitos, por el color de sus uniformes, en el callejón que hace esquina y frente a la Plazuela Rosales para reanudar trabajos ya bajo el indicativo XEBL.

Gómez Blanco, al fin maestro de primeras letras, convenció a directores y maestros para preparar grupos artísticos, sea en comedietas, declamaciones y canto para darle vida y presencia a una actividad que rompía los viejos moldes estacionales en la compra-venta y negocios, así como talleres de artesanías que fueron muy pocos.

Eso fue de dar gritos, pues los micrófonos utilizados eran de muy bajos registros para la voz y la música.

Su siguiente mudanza fue para utilizar viejo y sombrío caserón de madera ubicado en la esquina de Hidalgo y Bravo, precisamente donde se iniciaba la popular barriada de La Vaquita, asentamiento de corrales de ganado de ordeña y de personas que dieron color a la ciudad, siendo la más sobresaliente de todas, la llamada Pancha “La Bola”, por su esférica corpulencia.

El transmisor quedó instalado, al igual que su par de antenas de tubo galvanizado, en un corralón localizado entre Escobedo y Benito Juárez, casi a la salida con Victoria.

Vecino de la planta y por la calle Escobedo vivía don Ernesto Von Radke, maestro universitario de origen alemán que había emigrado por su desafecto con el naciente régimen nacional socialista encabezado por Adolfo Hitler, sufriendo penurias mil hasta que llegó a Culiacán para acogerse a la protección de otros alemanes ya establecidos, como los Timmerman Haberman entre los acaudalados.

Durante lo más álgido de la Segunda Guerra, cuando el Presidente Ávila Camacho declara el Estado de guerra al eje Tokio-Roma-Berlín, se procedió a la detención de los nacionales de los países en conflicto, para ser confinados en improvisados campos de concentración y, a los más peligrosos en San Juan de Ulúa, figurando ente los detenidos Von Radke acusado de espía utilizando las antenas de XEBL para enviar informe por onda corta al cuartel general de Berlín, versión que no se fundamentó y en cambio empañó el prestigio del inmigrante que siempre fue un ciudadano que se acogía al beneficio y respeto de nuestras leyes, que fundó familia y murió en nuestro país.

De los que fueron sus primeros locutores en sus distintas épocas, ni el mismo concesionario los recuerda, pues no se necesitaba requerir permiso o licencia alguna y el trabajo se hacía por afición y voluntariamente por el prestigio social que daba participar en el negocio de la radiodifusión.

Nuevo cambio de domicilio de XEBL ahora por la calle Benito Juárez al poniente. Por sus micrófonos desfilaron: Isaac Farjí Cohen, Enrique Vizcaíno, Carlos y Arnoldo García Rivera, Jaime Aguirre de los Ríos, la copropietaria Angelina Viedas de Gómez que a su cargo tenía un programa diario en horario vespertino dedicado a los niños, mediante narración de cuentos de las distintas antologías publicadas y Juan Macedo López que tenía a su cargo sabatino programa infantil, con la participación de pequeños que llegaron al estudio.

Narciso Velázquez se inició en estos micrófonos derivando al terreno de la composición musical firmando sus obras como Rodolfo del Campo que emigró a Guasave donde alcanzó su jubilación como locutor.

Felipe Acosta Jáuregui, “El Emir”, de oficio panadero, salió de un concurso de aficionados transmitido cada sábado desde los salones de la Sociedad Mutualista de Occidente, patrocinado por el italiano Nello Paperini, comerciante en pastas y vinos importados de su país.

Acosta Jáuregui era imitador de voces de animales. Sus rebuznos de tan sonoros cuanto alegres, fueron ampliamente festejados por el público, animándolo a abandonar la tahona para darse de alta como voz anunciadora.

La sociedad de Pablos y Elizalde aparece como empresa competidora fundando la XESA en terrenos y finca de doña Selma Cohen de Castro, allá por el rumbo de El Coloso.

Se iniciaba en los años 40’s en Culiacán la radiodifusión profesional, pues al aparecer en el organigrama monopólico de Emilio Ascárraga, Radio Programas de México y sus dos principales cadenas, la de XEW preferente y pujante por la cantidad de cuentas publicitarias que se manejaron y la encabezada por XEQ bajo la dirección de don Enrique Contel, trajeron a nuestro medio programas musicales grabados, lo mismo que las radionovelas que fueron un impacto insospechado, rezagando a XEBL, con menos recursos económicos, aunque sobrada en elenco artístico, que hicieron frente a una competencia desigual y le cupo el honor de lanzar como artistas al dueto integrado por: Pedro Infante y Guadalupe López Ayón “El Divino”; la guitarra de Agustín Corvera y el górgoro de Francisco Mendoza “Chicorina”, Fausto Miller que emigró a México, Quecha Higuera, Fabiola Chávez Olmos con especialidad en tangos, el dueto de Alicia y Beatriz Ofelia Beltrán, el pianista Benjamín Félix, guitarrista Gilberto Figueroa más conocido por “El Esclavo” y muchos otros más.

Tiempo después Roberto Pérez Alvarado que con su hermano Francisco operaban la XECF de Los Mochis, adquirió primero XESA y después XEBL con intenciones de nulificarla para quedarse sólo con la plaza, no logrando del todo su objetivo y malsanos propósitos que atentaba contra sus propios intereses porque sencillamente la había comprado para evitar toda competencia posible.

SINDICALISMO EMBRIONARIO...

Exasperadamente molestos por ser objeto de injusticias, bajos sueldos y obligaciones extras, después de cumplidas las cuatro horas discontinuadas de trabajo diario, desempeñadas lo mismo en cabina, en estudio o controles remotos, además de producciones publicitarias o programas sin estipendio adicional ni siguiera gratificaciones por un trabajo hecho más por intuición que por previos conocimientos recibidos, a la par que progresaba el negocio radiofónico, permanecían congelados los pagos y a los únicos que económicamente les iba bien, fueron los vendedores de anuncios en un mercado publicitario que empezaba a ser competitivo por las transmisiones de programas grabados en las matrices del DF, cabeza de la primera y más profesional cadena de difusión y monopolio del anuncio bien pagado, Radio Programas de México. Uno de los primeros tentáculos del gran pulpo que originalmente se llamó Radiópolis y después Televisa, cuyos gestores lo fueron, por orden de jerarquía: Emilio Ascárraga Vidaurreta, Clemente Serna Martínez y Enrique Contel, usufructuarios de XEW, XEQ, Radio Programas de México, y la Cadena Azul, que a imitación de la cadena radial de Cuba, se hacía por línea telefónica a las afiliadas del centro de la república con XEQ la estación matriz.

Lo que en principio fueron irritaciones, se convirtieron al paso de los meses en una urgencia para rescatar la dignidad de trabajadores siempre explotados, sin ningún derecho a prestaciones, sin descansos semanales y negados a las vacaciones anuales entre los derechos contemplados en la Ley Federal del Trabajo.

Se carecía de un instrumento de lucha y presión frente a las empresas negadas a otorgar todo a lo que a derecho correspondía en base a un régimen patriarcal, dándole trato a los trabajadores como miembros de una familia, sino en calidad de arrimados y por consiguiente obligados a lamer la mano supuestamente generosa que proporcionó empleo.

La locución se consideró como simple afición satisfactoria de vanidades, pues quienes hablaban o cantaban frente a un micrófono adquirían cierto rango especial por ser objetos de la admiración y el aplauso de los radio adictos, que fue la mayoría de la población, cuyas vidas, en el seno de los hogares, giraban en torno a los aparatos que escasearon en los años de la Segunda Guerra Mundial y sus poseedores se consideraron seres privilegiados, porque los ponían en contacto con otros hemisferios cuando se podía sintonizar, con denodados esfuerzos, con Radio Vaticano, la de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, Radio Dominicana y Radio Habana, captadas en onda corta, por no citar las de México que nos traían las voces de los artistas más aplaudidos de esa década.

Estremecimientos de emoción cuando se escuchaban las campanas del reloj Big Ben instalado en la Torre de Londres, en las emisiones en distintos idiomas de la BBC; y Radio Berlín nos traía los discursos con pujos imperiales del Führer Adolfo Hitler, dispuesto mediante la destrucción bélica, a construir un nuevo imperio de sangre Aria por un largo milenio.

De tales inquietudes surgió el proyecto de agremiar en un sindicato específico a los trabajadores de administración, técnicos y de locución y fue así que, previo intercambio de ideas en reuniones de tipo clandestino para no ser descubiertos por las empresas, que en precario equilibrio andaba el empleo, se empezó a gestar un sindicato de jurisdicción local, según las particulares concepciones de sus promotores: Jaime Aguirre de los Ríos, Federico Acérresca y Alfonso L. Paliza al servicio de XENW, XESA y XEBL en su orden.

Se le invitó a unirse en la lucha emancipadora a Manuel Alfaro “Alfarito” que ya destacaba, en la enfebrecida serie beisbolera de la costa del pacífico como comentarista deportivo con mucho auditorio en horas del mediodía cuando pasaba al aire sus opiniones del llamado Rey de los Deportes. Alfaro simpatizó con el movimiento, según su propia confesión recogida años después, ya en retiro definitivo, pero se negó a expresar su adhesión franca, abierta y decidida. Por simpatizar con los del Sindicato de la Rama Radiofónica, que tal fue su denominación, Roberto “El Aguado” Pérez Alvarado, dueño de la XESA, “me dio la espalda y hasta el momento no me habla, pero no me quitó el empleo”, confesó “Alfarito”.

Sin experiencia alguna en el quehacer sindical, la trilogía se acercó al entonces diputado local Roberto Flores Portillo, a la sazón Secretario General de la Federación de Trabajadores de Sinaloa CTM, quien simpatizó con el proyecto de organización y brindó su más amplio apoyo, comisionando para el asesoramiento respectivo a don Manuel Herrera Imán, que fue el creador del mayor número de sindicatos gremiales que en el Centro de Sinaloa robustecieron una central que dignificaría a los obreros y toda clase de asalariados.

Desde un principio la lucha se presentó desigual y se anticipaba una prematura derrota para quienes lucharon saltando toda clase de obstáculos, enfrentándose a complicidades y a abyecciones producto del soborno y la amenaza, unificadora de intereses anteriormente antagónicos y al principio de la lucha compartidos, por lo que consideraron una seria amenaza a sus intereses. No fue fácil hacer flaquear a sus iniciadores que recurrieron a todas las instancias clasistas que se les brindaron desinteresadamente en el esfuerzo temerario.

Los patrones recurrieron a persuasiones y toda clase de promesas si no se sumaban al movimiento, logrando la adhesión vergonzante de los indecisos; otros, recibieron el castigo de la silla, pues habiendo de hecho un emplazamiento, no se animaron a despedirlos pero fueron obligados con tan ofensivo procedimiento a cubrir su turno sentados sin abandonar el lugar para nada y por ningún motivo, aún los razonables y fáciles de comprender.

Los persuadidos le daban la espalda a sus compañeros, quizá por temor al contagio del sindicato en gestación y hasta les retiraron la palabra por complacer a sus respectivos gerentes y administradores.

En auxilio y asesoría se unieron Plácido Beltrán, Secretario General de la Sección Culiacán del STIC y José A. Bustamante, ex-Secretario General de la FTS que desempeñaba la representación obrera en el seno de la Junta Central de Conciliación y Arbitraje.

De la Cámara de Diputados a la Federación de Trabajadores de Sinaloa y de ahí a la Inspección Federal del Trabajo número tres instalada en el Edificio Echavarría a espaldas de Catedral, fue el cotidiano cuanto infructuoso peregrinar.

A partir de aquel 18 de enero de 1949, fecha de la gestación sindical, empezaron las dificultades para los organizadores a quienes los relámpagos de la tormenta que se aproximaban, iluminaban los negros presagios prontos a convertirse en realidad dolorosa y amarga.

Surgieron los esquiroles que por poca paga se prestaban a ser instrumentos de la infamia puesta en marcha por los dueños concesionarios Óscar Pérez Escoboza y el gerente de XECQ Carlos García Rivera, Roberto Pérez Alvarado de XESA y el profesor Enrique Maximiliano Gómez Blanco de XEBL, hombre dado a la violencia y a dirimir problemas a base de golpes.

Los propósitos de sindicalización, los patrones los etiquetaron como “acto criminal”.

Tal calificativo consta en la demanda interpuesta el 28 de enero de 1949 por Jaime Aguirre de los Ríos, quien hubo de designar su representante en la rescisión de un contrato oral de trabajo, al luchador Manuel Herrera Imán y a José A. Bustamante.

Con sueldo mensual de 200 pesos, Aguirre de los Ríos (licencia No. 379 fechada en el D.F. el 24 de noviembre de 1942) pedía tres meses de indemnización, así como otras cantidades correspondientes a vacaciones negadas y a su antigüedad en servicio cumplido.

Pérez Escoboza reforzó su intransigencia ante hecho inconcebible, por haber sido demandado en el tribunal laboral, haciendo acudir en su auxilio a Rafael Elizalde, gerente de Mazatlán de XERJ de su propiedad y al gerente local García Rivera, quienes ofrecieron para liquidar el conflicto, 150 pesos de compensación si Aguirre de los Ríos retiraba la demanda y renunciaba a sus obsesiones sindicalizadoras.

Negativa rotunda fundamentada en sus personales convicciones, fue la inmediata respuesta del ofendido.

La lucha tan desigual se perdió. El Lic. Rosalío Padilla, abogado de los concesionarios, cohechó al Inspector Federal del Trabajo quien dio carpetazo a las gestiones hechas, sin haberse hecho previo recuento de los trabajadores inconformes y solo escuchando a la representación patronal que demostró su generosidad y agradecimiento.

Gesto de solidaridad y compañerismo ante la derrota, fue el de Plácido Beltrán, quien por invitación de Vicente Castañeda, también Secretario del Comité local del STIC, propusieron la admisión de los locutores dentro del gremio cinematografista en su especialización de sonidistas, ofreciendo rechazo con amabilidad, por no satisfacer los impulsos primarios de constituir un sindicato autónomo de la radiodifusión.

Sin contemplaciones fueron lanzados a la calle Alcérreca, Aguirre de los Ríos y Paliza, considerados punto menos que enemigos de la industria, que por tal se consideraban los dueños y concesionarios.

El primero emigró a Ciudad Obregón, Sonora y el último a Mexicali, hasta donde no habían llegado noticias de tan amenazante aventura que trató de destruir un status de privilegio.

Tiempo después, hicieron circular por Sinaloa una “lista negra” que llegó también a Sonora, ya cuando los iniciadores del movimiento dejaron de considerarse un riesgo para la industria que cubría espacios de suma consideración.

Enfriados los ánimos, años después fueron readmitidos en sus nóminas sencillamente porque, dada su experiencia, eran necesarios; XEBL había pasado de dueño.

Roberto Pérez Alvarado, al no poder organizar la Radio Cadena del Pacífico, que no pasó de proyecto y membrete para la correspondencia, vendió XEBL al empresario Benjamín Azcona, que había desprendido de la década de cines que su familia estableció con la firma exhibidora Panas, que se estableció de Nayarit a Sinaloa y su nuevo propietario la ofertó al comerciante en ropa Ignacio Campos, considerado el más fuerte anunciante de la época, quien desdeñó esa oportunidad de enriquecimiento, volviendo a las manos de Enrique Max Gómez Blanco y su esposa Angelina Viedas que la compraron con sumas facilidades.

Los dos únicos días de descanso anuales concedidos, fueron los de Jueves y Viernes Santos, que se dejó de transmitir por respeto a las costumbres de la grey católica y, como graciosa concesión al personal, se otorgaron dos horas de los tiempos del 24 de diciembre, para que cada uno de los empleados vendieran participaciones publicitarias, como gratificación navideña.

Si bien benefició y con mucho a los locutores-vendedores de anuncios, que llegaron a reunir de tres a cinco mil pesos, no pudieron decir lo mismo el resto del personal que no tenían relaciones con los clientes de las empresas radiofónicas.

Mas sin embargo, tan concesión llegó a representar un avance que conduciría, fatalmente, a la organización gremial que vendría pocos años después.

CUNA DEL STIR

Con el personal de las estaciones chicas, las disqueras, que fueron la mayoría en el Distrito Federal, donde cada concesionario fue empresa, dirección artística, y árbitro inapelable de cuanta decisión tomaba, siempre en abono y beneficio de sus intereses, que atropellaron con flagrancia al del trabajador siempre sometido a bajos salarios y sin ninguna prestación, y con la decisión y firmeza de Rafael Camacho Guzmán, apadrinado por la Confederación de Trabajadores de México, se integró el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y similares, pese al rechazo de los poderosos radiodifusores, a la campaña de calumnias y desprestigio que no hicieron cambiar ni el rumbo ni la meta del STIR, que surgió como respuesta inmediata de solución a estados de ignominia a los que fueron sometidos, particularmente locutores.

Músicos, cantantes, cómicos, locutores, presentadores y redactores de noticias de la llamada Catedral del Radio XEW y su hermana menor XEQ se convirtieron en monopolios del talento y de los anunciantes nacionales, estructurando una nueva empresa todavía más absorbente: Radio Programas de México que, las tres exigían exclusividad absoluta sin el correspondiente pago.

PPRESENCIA DEL STIR EN CULIACAN

La experiencia dolorosa lograda en el primer intento por organizar a los trabajadores de la radiodifusión en Culiacán, no fue desaprovechada, pues años después de aquella fallida aventura, como las condiciones salariales y de trabajo, lejos de mejorar se habían estacionado en relación al progreso y buenas ganancias obtenidas por los empresarios, fue el punto de partida que concluyó, después de superar los naturales obstáculos, dar tropiezos y reafirmarse en grupo de lucha pero con la ventaja de que no estaban solos, al contarse con la asesoría y presencia del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y similares de la república mexicana.

De ese auténtico triunfo logrado, quedó como constancia de la firma decisión de salir del oprobio y explotación, de su condición de sometidos aunque jamás resignados, la primera acta constitutiva y del primer Comité Ejecutivo electo como una sección-eslabón del sindicato organizado por Rafael Camacho Guzmán.

Sindicato que surgió fuera de los dominios del monopolio de la familia Azcárraga-O’farril-Alemán Valdés, que de Radiópolis, como se había planeado su integración al paso de los años y mediante la absorción de empresas competidoras, se integró Televisa que no sólo monopoliza radio, televisión, sino que incursiona con bastante éxito en la producción cinematográfica, en la industria disquera, empresas regenteadotas de hoteles, clubes nocturnos y todo aquello que pueda producir ganancias, sin que disposiciones de tipo legal y hacendarias le hayan causado mella pese a los intentos, algunos serios para destruir el monopolio, como la creación de la radio y televisión oficial, su aparato organizativo y pretendidamente normativo para la industria privada, Radio-Televisión y Cinematografía, que en manos de desconocedores de los medios y pese a los altos presupuestos manejados, se ha rendido ante los zares de la industria que, en abono a sus cuantiosos intereses económicos a la sombra del poder público, se han convertido en apéndices del gobierno que pagan altos precios por la aparente sumisión.

En México tenía presencia la televisión que inició con sus propios y escasos recursos el Ingeniero Guillermo González Camarena, que dio al país la primera estación televisora bajo el indicativo de XHCG Canal 5, al que le siguió XHTV Canal 4 de la familia O’Farril, que instaló estudio y equipo transmisor en el último piso de la Lotería Nacional en el eje vial Paseo de la Reforma y Bucareli.

Fue el 1 de septiembre de 1948 cuando se registra la primera transmisión del novedoso medio electrónico en nuestro país.

Desde el edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas -SCOP-, se empezaron a transmitir programas diarios y en horario limitado, desprovisto de interés comercial, aprovechándose la experiencia para publicitar lo que se llamó entonces “Primera Exposición Objetivo Presidencial” que tuvo su repetición en 1949.

El 1 de septiembre de 1959, fecha del cuarto informe de gobierno del Presidente Miguel Alemán Valdés, se oficializó la presencia de la televisión en México, bajo promisorios augurios. Ya las agencias de publicidad con matriz en los Estados Unidos, contaban con proyectos de inversión en compras de espacios, imponiendo sus criterios sujetos a los intereses que presentaban, en tanto el gobierno hacía lo mismo, pues a partir de entonces, ha sido y es hasta el momento, el mejor cliente de la televisión privada, ya sea para dar imagen al Presidente en turno mediante la creación de noticieros que fueron la ruina de los cinematográficos que se proyectaban en pantalla grande cada semana incluyendo anuncios publicitarios, y la exhibición de tele-revistas en los cines del país, salpicados con dosis humorísticas para evitar las irritaciones causadas con los anuncios comerciales, primero en los intermedios de la exhibición de películas y después con esas producciones, movieron a las autoridades a reglamentar los minutos dedicados a los mensajes publicitarios.

Las programaciones de la naciente televisión, pasadas con buenas calificaciones las transmisiones experimentales, de acuerdo con los gustos del público que transformó sus hábitos en forma radical, al estar al pendiente de la pequeña caja intrusa en los hogares para no perderse los musicales, revistas cómicas y, fundamentalmente los teleteatros que encabezaron las grandes estrellas del cine y del teatro, complementándose los tiempos con producciones compradas a la televisión extranjera.

ACTA CONSTITUTIVA

El documento básico que le da prestancia al movimiento sindical de los trabajadores de la radio bajo el amparo y guía del Sindicato de trabajadores de la Industria de la Radio y Similares de la república mexicana, afiliada a la Confederación de Trabajadores de México y su indiscutible líder Fidel Velázquez Sánchez, a la letra se expresa, tal como se levanta esa primera acta formativa.

“En la ciudad de Culiacán, Sinaloa, siendo las 0:30 horas del día 9 de agosto de 1958, reunidos en el local que ocupa el Sindicato de Electricistas de Culiacán, los trabajadores de la radiodifusión que pertenecen al SINDICATO DE TRABAJADORES DE LA INDUSTRIA DEL RADIO Y SIMILARES DE LA REPUBLICA MEXICANA y que prestan sus servicios en las distintas emisoras locales, así como también, contándose con el Secretario de Prensa y Propaganda del S.T.I.R. y apoderado legal de dicho organismo, Lic. Sergio Islas Morales, éste dio por iniciada la asamblea, después de haberse declarado la existencia de quórum. En primer lugar y en uso de la palabra, el Lic. Islas manifestó a los asistentes cuales habían sido los puntos en que se fincó el convenio que a su vez reforma el proyecto de contrato original y bajo los cuales se tranzó (sic), evitando así, estallara la huelga. De inmediato, el citado licenciado, después de aclarar algunos puntos que a los compañeros parecían confusos, procedió a indicar a la asamblea la necesidad de que nombraran en ese acto al Comité Ejecutivo de la SECCION CULIACÁN DEL STIR, para lo cual los asambleístas estuvieron acordes en que así se hiciera, aceptándose que el voto fuera individual y no por planillas y que por otra parte, el mismo fuera secreto. La votación se efectuó primero para elegir SECRETARIO GENERAL, siendo acreedor a este puesto el C. VICTOR MANUEL ZARATE URBINA. Después el SECRETARIO DE TRABAJO Y PREVISIÓN SOCIAL, resultando electo el C. HECTOR MANUEL MARTINEZ SERRANO. Enseguida, SECRETARIO DE ORGANIZACIÓN Y ESTADÍSTICA, quien la asamblea designó al C. ANTONIO PEREZ RAMOS. Ahora SECRETARIO DE FINANZAS, eligiendo a la C. SILVIA AHUMADA. Inmediatamente SECRETARIO DE ACTAS Y ACUERDOS, acreditándose el puesto mencionado al C. JOSE GALINDO. Después de que el C. ISLAS MORALES hizo saber a cada uno sus obligaciones en su respectiva Secretaría, procedió a tomar la protesta correspondiente: “_¿PROTESTAIS CUMPLIR Y HACER COMPLIR LOS ESTATUTOS DE NUESTRA ORGANIZACIÓN?” _SÍ, PROTESTAMOS. _SI ASÍ LO HICIEREIS QUE EL SINDICATO OS LO PREMIO, SI NO QUE OS LO DEMANDE”. Con este acto, dio por terminada la primera asamblea de la “SECCION CULIACÁN DEL STIR” en la que se nombró, como ha quedado asentado, el Comité Ejecutivo de la misma. Se levanta la asamblea siendo las dos de la mañana, menos doce minutos del día 9 de agosto de 1958. Firmando la presente acta el representante del Comité Ejecutivo Nacional, que da fe de la legalidad de la elección y los compañeros que resultaron electos en las cinco Secretarías.

El reconocimiento fue la concreción de un movimiento iniciado en el mes de julio de ese mismo año, en el que participaron la mayoría de los trabajadores de la radio en Culiacán, pues dejaron constancia en breve acta que a la letra dice y fuera firmada por quienes participaron en la Asamblea que formalizó el movimiento:

“En la ciudad de Culiacán, Sinaloa siendo las veintitrés horas del día 25 de julio de mil novecientos cincuenta y ocho, reunidos en el local que ocupa el Club Atlético Humaya ubicado en Escobedo y Álvaro Obregón, la mayoría de los trabajadores de las estaciones radiodifusoras XECQ, XEBL, XENZ, XESA, XEWS y XENW aceptaron, bajo formal protesta adherirse al Sindicato de Trabajadores de la Radio y Similares de la república mexicana con domicilio social en el Despacho número 204 de la casa número doce de las calles Paseo de la Reforma en México, Distrito Federal, con el objeto de representar y garantizar todos sus intereses en cada una de las difusoras en que presten sus servicios.

“Los abajo firmantes declaramos que al firmar la presente Acta no lo hemos hecho obligados por coacción, que por otra parte desconoceremos cualquier renuncia que en lo futuro sentara puesto que la consideramos haber sido obtenida bajo presión”

“Próximamente celebraremos una Asamblea seccional con el objeto de designar la directiva de la que en lo futuro se denominará Sección Culiacán del STIRT”.

“La presente asamblea fue presidida por el licenciado Sergio Islas Morales, apoderado legal del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y similares de la república mexicana, quien firma para constancia al igual que todos los que en ella intervinieron”

José B. Galindo, Gustavo Estrada B., Héctor Manuel Martínez S., José Rodolfo Guerrero, José Antonio Silman, Jesús Antonio Pérez Ramos, Jaime Aguirre de los Ríos, Jaime Coronel Rivera, José Luis Figueroa M., José Félix Salazar, Susana Gutiérrez Zazueta, Rubén Aguirre López, Óscar Ortega Robles, César Alfredo López García, Francisco Gil Leyva, Guillermo Macedo Z., y otras firmas ilegibles.

Empero, al reverso del mismo documento que servirá para la historia de la lucha sindical que nos ocupa, aparecen de puño y letra dos denuncias de trabajadores arbitrariamente presionados por las empresas que pusieron cuantos obstáculos les fue posible para diezmar las filas de los recién organizados dentro de un sindicato nacional, que a la letra dicen:

“Le comunico al STIR que el día de ayer 29 de julio fui presionado moralmente por el señor Carlos García Rivera para que le firme renuncia al sindicato, la que en este momento desconozco y firmo para constancia. Culiacán, Sinaloa, 30 de julio de 1958. Roberto Larios L.”

Y la segunda:

“Le comunico al STIR que el día 28 de julio de 1958 a las 9:30 horas, fui presionado moralmente por el señor Héctor Ramos Rojo para firmar la renuncia a este sindicato, la que en este momento firma para constancia. Culiacán, Sinaloa 30 de julio de 1958” Firmas ilegibles tanto del trabajador denunciante como de su testigo que robusteció su denuncia.

El trabajo organizativo no ha sido tarea fácil, aunque sus resultados se evalúan ampliamente satisfactorios, pues pese a presiones y despidos, a las listas negras que hicieron circular en otras empresas a fin de que se les negara trabajo, a los que fueron despojados de sus respectivas fuentes de trabajo, en ningún momento cambiaron el rumbo de una decisión colectiva.

Lamentablemente, al correr de los pocos años, hubo deserciones a punto tal que sólo unos cuantos de los constituyentes de la Sección Culiacán del STIR, permanecieron firmes en sus decisiones y soportaron toda clase de tratos vengatorios.

Había quedado la semilla sindical que germinaría tiempo después y que le daría permanencia y respeto a un sindicato que se ha caracterizado por su lucha constante en la obtención de mejores condiciones de trabajo y firmas de contratos colectivos por cada empresa radiofónica, con salarios y prestaciones que dignifican a un gremio de la comunicación permanentemente de frente y al servicio de la sociedad con la que actúa y vive plenamente identificado.

FINALMENTE SE QUEDÓ.

La euforia de los primeros meses de vida y trabajo bajo régimen sindical, se disipó por razones y circunstancias de los trabajadores recién organizados que no tuvieron entereza para resistir todo tipo de innobles agresiones empresariales.

Quedaba muy atrás el 9 de agosto, fecha constitutiva de la Sección Culiacán del STIR y permanecieron como simple antecedente dos solitarias delegaciones. La de XENW representada por Jaime Aguirre de los Ríos y en XECQ, la de Rodolfo Guerrero que no hicieron los intentos necesarios para dar de alta a nuevos afiliados.

1961, el nuevo Comité Ejecutivo del STIR encabezado por Rafael Camacho Guzmán, se robusteció con la presencia del lic. Netzahualcóyotl de la Vega en la Secretaría de trabajo y Conflictos y Ricardo Valenzuela Gutiérrez en la Secretaría de Organización, que se convirtió en incansable viajero para levantar lo que la indolencia o carencia de formación sindical había dejado caer.

Los empresarios de Culiacán, antes unidos en la defensa de sus intereses volvían al retador y desconsiderado sistema de una competencia concebida para hacer naufragar a las empresas menos favorecidas por las cadenas de radio, siendo la principal proveedora de servicios y la más contratadota de anuncios, Radio Programas de México bajo la dirección de don Clemente Serna Martínez, que consolidó su posición a la muerte de don Enrique Contel.

Los equipos caseros o las ya insuficientes fueron reemplazados por otros más modernos y si bien la mejoría fue en lo técnico, seguido del aumento de potencias en antena, uso de las frecuencias moduladas para mejorar el sonido al cancelarse el uso de líneas telefónicas que servían de enlace entre los estudios y la planta transmisora, no mejoraron las condiciones de trabajo de sus servidores.

El trato que se les daba tenía mucha semejanza a la paternalista.

Integraban, ciertamente, una familia díscola, desenfadada, que ya no estaba en condición de vivir a cuenta de la popularidad y los aplausos.

Controles remotos y las primeras grabaciones de avisos publicitarios no merecieron ningún estímulo económico.

Presentaciones de programas estelares, excluyendo las programaciones de aniversario, a diez pesos por actuación.

Y así hasta el infinito y la invariable promesa jamás cumplida: “Cuando nosotros mejoremos, ustedes también tendrán sus beneficios”.

Y siguieron pasando los años multiplicadores de de las visitas de Ricardo Valenzuela Gutiérrez, que procuraba entrevistar en soledad, en horas nocturnas, a quienes consideraba que podrían encabezar un nuevo movimiento orientado al régimen sindical de trabajo.

No era tiempo para declararse en rebeldía producto de la inconformidad, pues se esperaba la mejoría económica que decidieran los patrones como graciosa dádiva o concesión.

Los cambios de impresiones entre los servidores de las distintas radiodifusoras tuvieron amplia circulación, decidiéndose por celebrar juntas después de las doce de la noche cuando las estaciones se retiraban del aire.

La reorganización sindical serviría de respuesta directa a tanta marginación, pues los trabajadores, locutores y técnicos, no disfrutaban de descanso semanal, ni vacaciones, apenas la obligada afiliación al Seguro Social, bajo sueldos a la mitad de lo que se devengaba eludiendo el pago correcto de las cuotas exigidas por el Instituto.

Hacía tiempo que el Presidente Adolfo Ruiz Cortínez, casi al final de su mandato, concedió a los servidores públicos y a las fuerzas armadas el primer aguinaldo de Navidad, consistente en una semana de salarios, exhortando a los patrones de México lo consideraran a sus respectivos trabajadores.

Llamado que no fue atendido por los empresarios de la radio, que como si fuera generosa actitud, consideraron a sus trabajadores dos horas de tiempo, el 24 de diciembre, para que fueran vendidos en participaciones entre sus anunciantes regulares y algunos otros comerciantes que pudieran atraer.

Los que hacían las ventas de anuncios lograron reunir aceptables cantidades.

¿Pero, el personal de oficinas y los de intendencia?

Para ellos nada, a menos que vendieran sus dos horas a precio ruin a sus compañeros publicistas para que algo les tocara.

Esperar la mejoría salarial reiteradamente ofrecida.

Se estableció contacto con el Comité Ejecutivo Nacional del STIR pidiéndole su intervención para organizarse de nueva cuenta, y la respuesta fue inmediata cuanto efectiva.

Apareció Ricardo Valenzuela Gutiérrez, que tras celebrar discretas reuniones con afectados, procedió al emplazamiento de huelga como primera medida para llegar a una firma de contrato colectivo de trabajo.

Bastaban dos firmas de trabajadores por cada empresa para llegar al emplazamiento y fueron pocos los que rechazaron la nueva posibilidad para un cambio de condiciones de trabajo más favorables.

Guardaplantas y trabajadores de intendencia fueron la excepción.

Al comunicarles la Oficina Federal de trabajo de los emplazamientos hechos, provocó sorpresa, indignación y actitudes violentas apenas contenidas y disimuladas.

Su familia, la siempre explotada, reclamaba sus derechos por vía legal y no estaban dispuestos a negocias ni a renunciar a sus derechos concedidos en la Ley Federal del trabajo.

Las juntas abandonaron la clandestinidad y se celebraron abiertamente, constituyen un nuevo Comité Directivo de la Sección Culiacán del STIR, cuya integración manifestando votos por personas y no por planillas, quedó así:
Secretario General, Lic. Rafael A. Guerra Miguel. Adjunto, Salvador Echeagaray Picos.

Secretario de Trabajo, Alfonso L. Paliza. Adjunto, José Peña Torres.

Secretario de Organización, José B. Galindo. Adjunto, José Antonio Silman.

Secretaria de Finanzas, María del Refugio Duarte. Adjunto, Rosa María Robledo.

Secretario de Educación y Propaganda, Olegario Contreras. Adjunto, Jaime Aguirre de los Ríos.

Había llegado felizmente el momento de convertir en realidad las reivindicaciones propuestas, pero el trabajo sindical no fue fácil.

Las represalias se manifestaron expulsando de las empresas a quienes se iniciaban en trabajos de locución, pretextando que no eran profesionales al carecer de la licencia respectiva.

Se contrataron a esquiroles represivos, pero todo fue soportado, particularmente y quienes habían sido señalados como traidores a las empresas, al volteárseles ostensiblemente aceptando cargos sindicales.

Lo curioso es que, dos de ellos, en su pasado sindical pertenecieron como maestros organizados y participantes en tareas de docencia, fueron miembros del Partido Comunista que alcanzó su verdadera proyección política-social en el sexenato del Gral. Lázaro Cárdenas, pero los más abiertamente reaccionarios. Los primeros, vergonzantes y los segundos seguros de lo que hacían para no conceder nada a nadie de lo que consideraron y así fue, intereses de clase social y grupos empresariales.

Tiempos de esforzada lucha que no termina todavía y consolidación profesional de un gremio que se hizo respetar y avanzan en la obtención de nuevos y mejores beneficios.
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Entrevista realizada a Héctor L. Paliza, locutor de la vieja guardia, por Ulises Cisneros el 10 de julio de 1991 en la ciudad de Culiacán, Sinaloa y transmitida por XEUAS.

Maestro Paliza, nos da mucho gusto que acepte esta entrevista para ofrecer a nuestro auditorio un tema que es apasionante: la historia de la radio en Sinaloa, de la radio en Culiacán y la transformación que ésta ha tenido sobre el caminar y el avanzar diario de nuestro pueblo.

Maestro, hay un tema que nos interesa muchísimo destacar con usted: cómo se desarrolla el medio de comunicación radiofónico en nuestra entidad. Usted que es uno de los pioneros de este medio de comunicación radiofónica en nuestra ciudad capital, que prácticamente tiene una trayectoria profesional que ha iniciado en todos los campos de este medio de comunicación, aparte de otro electrónico, que es la televisión y no menos todavía el de la prensa. Háblenos acerca de esta influencia, cómo la radio ha impactado e influido en nuestra sociedad.
Me parece muy interesante tu planteamiento; más que una pregunta lo considero muy interesante, porque en repetidas ocasiones yo he sentido la necesidad de que acerca de la radio en Sinaloa, de Culiacán en particular, se hable un poco más, acerca de su quehacer en el desarrollo de la comunidad y un poco menos acerca de la anécdota, que las tiene muy bonitas; porque si hablara de anécdotas, para empezar, pues hay que recordar a los grandes sinaloenses que ha dado Culiacán, como Pedro Infante, aunque haya nacido en Guamúchil, aquí se hizo.

No hemos parado a pensar, Ulises, y esto es lamentable, en el papel, en el rol que desempeñó la radio en la transformación de una comunidad como es la nuestra; la radio que, como tú recordarás o sabrás por lo menos, porque eres joven, era el medio, ante la carencia o insuficiencia, y no lo digo en forma peyorativa, de otros medios, por ejemplo. Estamos hablando de años atrás, entonces no había televisión, teníamos uno o dos periódicos en la época en que yo ingresé a este medio.

A mí no me tocó, por ejemplo, la gran época de La Opinión, que fue un periodicazo aquí en Culiacán; me tocó mucho la época de El Regional, del periódico donde emergieron gentes muy importantes, de los cuales me viene a la memoria inmediatamente uno: es Antonio Pineda Gutiérrez, el mentado Toñico. Era, en fin te digo, era el medio. Había un periódico La Voz de Sinaloa, cantera, refugio (ininteligible...), acudían a cuanta cita tenían los señores que se dedican a esta actividad, las reseñaba, las cronicaba, estaba en lo social, deportivo, para acabar pronto en actos religiosos litúrgicos, estaba prohibidísimo, pero estuvo en la inauguración del templo de la Lomita y todo lo que quieras llamarle de los periodistas de ese tiempo; entonces, la radio estuvo ahí, esa es una frase que a mí siempre me ha encantado. La radio en esa época era omnipresente, esencialmente está en todo, está en el desarrollo de un incipiente comercio de mostrador, un poquito tendejonero, el nuevo templo de La Lomita, como lo estuvo también en la construcción de la Preparatoria Central, como lo estuvo en tantas otras actividades entonces de la radio era el medio. No es el medio en este momento, porque la multiplicidad, la variedad e importancia de todos los medios le reserva un lugar que no siento en estos momentos que deben ocupar.
Maestro, la radio empezó a estar en Culiacán desde que abrió por primera vez Enrique Maximiliano Gómez la primera estación en nuestra ciudad capital XEBL.
De Enrique Maximiliano Gómez Blanco hay que decir muchas cosas, y yo cada vez que tengo la oportunidad de referirme a él, porque me lo preguntan, porque lo provoco, lo primero que se me viene a la mente es que le debemos un homenaje.

Se lo debemos porque Enrique Maximiliano Gómez Blanco y su señora esposa, doña Angelina Viedas de Gómez Blanco, se dedicaron a la radiodifusión con una entrega, con una disciplina, con un fervor que va más allá de lo que ahora se pueda conseguir; porque en aquel tiempo, esto no era negocio, era amor a la comunicación, amor a un medio que le era familiar a Enrique, porque entre sus virtudes está precisamente entenderle mucho a la parte técnica de la radio; él incluso trabajó en México en grandes cadenas de tipo nacional.

Entonces se le debe un homenaje, pero no porque haya sido el precursor de la radio en Sinaloa, lema que él acuñó y que durante mucho tiempo utilizó en XEBL, sino porque, además, vio muy adelante; él desde el momento que lanza al aire la señal de XEBL, lo hace ya imprimiéndole un contenido social que me temo mucho que se no se haya repetido a lo largo de los años. Con él se ve la participación, muy fuerte, muy definitiva de la radio en el quehacer educativo.

Entre los timbres de orgullo de la familia Gómez Viedas está la de haber sido, haber disfrutado de la mistad de Enrique “El Guacho Félix”, de haber recibido su apoyo para que la radio se convirtiera en un instrumento al servicio de la educación, se hablaba bastante bien. A Enrique Maximiliano Gómez le debemos un reconocimiento porque entendió para qué era el medio; no lo concibió exclusivamente como entretenimiento, que era muy fácil caer en este garlito; no lo entendió como un medio para enriquecerse, lo entendió como la posibilidad de comunicar a los culichis entre sí y desde luego como la posibilidad de crear en fuego una plataforma para gentes con inquietudes que fueron extraídas de nuestra máxima casa de estudios, de los círculos intelectuales y ahí están los nombres de Heriberto H. Mejía, de Juan Macedo López, de verdaderas luminarias de aquellos tiempos, y todavía vigentes como el profesor Macedo López, que era maestro de ceremonias, pero entendido esto como promotores, productores, moderadores y gentes de muy buen decir, y muy buen hablar, no el clásico maestro de ceremonias que presenta equis artista que ahora afortunadamente se le llama conductores, me parece muy bien.

Entonces con Enrique Gómez se inicia la radiodifusión en Sinaloa, pero ahora sí, anecdóticamente no se inicia en Culiacán, inicia en Mazatlán y de allá se le trae a Culiacán. Sí claro, no pasa mucho tiempo entre una cosa y otra y aquí participa no sólo en programas de entretenimiento, que era muy difícil: faltaban discos, faltaba tecnología, pero sobraban ganas. Yo recuerdo que un hermano suyo de nombre José tocaba el piano, amenizaba las tertulias culichis, como se decía entonces, se ponían los cuatro o cinco discos que había en esa época, acompañaba a los muy incipientes cantantes que tiempo después llegaron a ser grandes, algunos no lo fueron porque no quisieron abandonar la placidez de su medio, de su casa, no quisieron aventurar en aquellos años, esto hay que decir un millón de veces, no se ganaba el dinero que ahora se gana como para que tú te dispusieras a la aventura, te fueras a México a ver qué iba a pasar contigo, fueron algunos ejemplos, Pedro Infante, Luis Pérez Meza, por decir gente de Culiacán; está Lola Beltrán, Lucila Beltrán del Rosario y otras gentes; Pablo Beltrán Ruiz de Los Mochis como director de orquesta en música, etc. No solamente orientó su estación de radio a esos quehaceres, también hizo muchos programas tendientes a la buena formación, hábitos, por ejemplo, hábitos de limpieza. Entonces, a Max se le debe reconocer en esta sociedad de que haya impreso su trabajo dentro de la radiodifusión pues, un sello muy característico no exclusivamente como entretenimiento, como desgraciadamente pasa, también atendía a estas necesidades de la población.
Maestro Paliza, dentro de esa radiodifusión que empezó a ofrecer no solamente contenido de entretenimiento, también aquellos que transformaron, cambiaron hábitos, costumbres, pautas, inclusive maneras de pensar entre los habitantes de aquella época se inicia precisamente Héctor Paliza.
Bueno no, no quise corregirte entre comillas cuando dijiste que era pionero, no, líbreme el Señor. En primer lugar porque aquellos pioneros eran “casi” gigantes y segundo porque no soy tan viejo como esos pioneros, pero sí es un poquito de vanidad por parte mía, vanidad de viejo desde luego, no.

A mi me tocó conocer a los que llegaron primero, los que llegaron antes y de ellos escogí bastantes experiencias. Pudiera decir que yo soy de una etapa intermedia que viene después de Alfonso Paliza, mi hermano, que viene después de Enrique Alonso, después de gentes muy interesantes que vienen a la radio de Culiacán, un carácter muy especial, y desde luego después de 4 ó 5 ó 10 gentes venidas de otras latitudes, de Guadalajara particularmente, donde ya había un buen radio.

A mí me toca una etapa intermedia, pero me toca la parte interesante. La primera era heroica, bohemia, ciertamente constructiva, pero todavía no se vislumbraba el poder de la comunicación como se entiende ahora. Aquí hay una parte de esta etapa, los que participamos en radio estábamos comunicando, nos estábamos comunicando con la gente, pero nosotros no lo sabíamos, nosotros desconocíamos totalmente la capacidad que tiene el medio para comunicar tal y como lo entendemos ahora. Sin embargo, ya disfrutábamos de ese flujo, de esa comunión que hay entre el medio y su clientela; entonces a mí me toca participar en esta etapa en que se le da un verdadero jalón a la radio ya muy auspiciada, ya con ciertas aspiraciones de que se convirtiera no solamente en elemento habitual cotidiano, sino en fuente de trabajo.

Antes, como te dije, un poco bohemia; yo pienso que muchas gentes que participaron lo hacíamos más que otra cosa jugando, pero en el fondo eran gestes que amaban la comunicación y lo siguen siendo los que viven porque superaron esa etapa, rebasaron sus límites, están en varios medios y lo están haciendo muy bien. Algunos de ellos se convirtieron en escritores, como el mismo Alfonso.
Efectivamente, maestro, dentro de este múltiple papel que tiene la radio hacia 1930-1940 en Sinaloa, ¿Cuándo es el momento en que surge hacerse periodismo radiofónico?
Primero que nada deberíamos hacer una repasadita. Yo pienso que es fundamental las funciones de la radio en general; la radio se convirtió en algo tan familiar que le ocurre al medio lo que nos ocurre a nosotros en el seno de nuestras propias familias: lo conocen a uno de pequeño, chiquito; uno llega a hacer ciertas cosas, las que quieras, incluso, uno llega a hacer cosas muy generales y sigue siendo el Manuelito, el Pablito o el muchachito aquel. A la radio le pasó lo mismo.

La radio crece junto con Culiacán, una ciudad que vivió adormecida durante mucho tiempo, nacían gentes sí, pero había muchas epidemias. Yo recuerdo que durante muchos años fuimos más o menos los mismos en esta ciudad, para ser breve –como dice mi compadre-, en 1929 que yo nací, había, creo, 19,000 habitantes, dice él era la misma cosa, entonces la radio era parte de la familia y se le entendía como algo que estaba ahí; era un aparato entonces muy barroco, garigoleado -como le decían las gentes de antes- y que se podía prender y apagar a solicitud. Era una reliquia.

Generalizando tenemos que decir que la radio cumpliendo todas aquellas funciones, encontró tres vertientes principales en sus inicios: el de entretenimiento, el del conductismo social, podemos insertar la formación de hábitos y todo lo demás y la información. Curiosamente la información que en Culiacán se ha abandonado un poco hasta últimas fechas, en aquellos años floreció, pero quizá sería porque había muy pocos medios y quienes estaban en prensa escrita propendían a la radio; incluso llamados por la novelería de la radio por el hecho de que te daba una oportunidad casi inmediata, por el hecho de que la radio te daba carta de patente de corso, el locutor o el periodista que entraba a la radio se convertía rápidamente, en algunos casos, en ídolo; era muy aceptado el locutor y el periodista informador de radio gozaba de una capacidad de doblar su arribo a los problemas de toda la comunidad y se hacía venturosa en todos los medios.

No se tenían los medios, la tecnología que ahora existe: había un micrófono, un teléfono y santas pascuas; ahora hay un montón de cosas, incluyendo el satélite ¿Qué era lo que pasaba en aquellos tiempos? Se era más agudo, más espectacular que en prensa escrita.

Entonces la información por radio tiene antecedentes muy valiosos en Culiacán, en Mazatlán y en Los Mochis y te puedo citar casos: en Mochis radica el más abundante periodismo radiofónico, se pelean por la noticia; hay tres grupos que funcionan de una manera muy competitiva. En Mazatlán hay antecedentes muy grandes, valiosos, como el de Rafael Reyes Nájera, “Kid Alto”, un periodista que llegó al Salón de la Fama. En Culiacán hubo antecedentes muy valiosos; en aquel tiempo, el que participaba en la radio era un todólogo: porque tenías que anunciar, que poner discos, tenías que escribir textos, tenías que conducir programas en vivo -que abundaban-. Una radiodifusora que no tenía estudio y piano, se debiera una canciòn, una melodía, entonces no era una estación completa. Antonio de Valdés fue locutor y participó en teatro radiofónico.
Maestro ¿Podemos considerar que la radio perdió cuando entró la televisión?
Definitivamente no y eso se puede apoyar con el hecho de que en ninguna parte del mundo la radio ha cedido terreno frente a la televisión. Lo que pasa es que ha asumido la responsabilidad que le compete gracias a sus virtudes que son: la de la rapidez, la de su enorme cobertura, la posibilidad de llegar más lejos, más cerquita, más todo lo que tú quieras.

Antes de entrar a este terreno yo quisiera recordar a los grandes periodistas que lo fueron también de radio, empezando con Francisco Gil Leyva “Pancho”, que le da nombre precisamente al premio estatal del periodismo del Gobierno del Estado; el premio al mejor trabajo radiofónico del año se llama Francisco Gil Leyva. Está Antonio Pineda Gutiérrez, con quien tuve la oportunidad de alternar en programas de información política, que fue factor, incluso, para la elección de don Leopoldo Sánchez Celis. Puedo hablar de otras gentes muy importantes. Te puedo hablar de Herberto Sinagawa Montoya que hizo radio, pocas gentes lo saben o pocos lo recuerdan; bueno, por lo que toca a Beto tiene el signo de la calidad.

Entonces te decía: ¿qué está pasando a la radio frente a la televisión? ¿Sabes qué le está pasando? Que abandonó la información; cuando reasuma la radio su papel de informador, verás cómo su papel y su rol se agiganta, y eso pasa en cualquier parte del mundo. En Estados Unidos, en Italia, donde tú quieras, la radio llega más rápido, más pronto, menos laborioso, tiene mayor movilidad, es omnipresente.

Cuando reasuma el papel que le corresponde, la radio verá días gloriosos -como los tuvo antes- cuando era el medio; porque hay que hacer esta consideración, Ulises, la palabra escrita tiene sus valores enormes, pero la forma humana de comunicación por excelencia, la voz, tiene en la radio un instrumento privilegiado y esto se nos olvida, Ulises, se nos olvida que primeramente fue el verbo, no precisamente el escrito; cuando se habla de la prensa y se dice que llegó a muchas gentes y se amplió el conocimiento y se difundió la cultura, estábamos haciendo excepción de toda la gente que oralmente estaban haciendo historia, estaban preservando la historia.
El artículo que antecede fue extraído del “Compendio General de las Emisoras Radiofónicas de Culiacán” que como Tesis presentaron los alumnos Miryam Guadalupe Zazueta Cota, Hilario Gastélum Galván y David Alberto Zazueta Cota para obtener el título de Licenciado en Comunicación Social en la Escuela de Comunicación Social en febrero de 1997. (páginas 74 a la 79).
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El siguiente artículo nos traslada a los inicios de la radio en esta ciudad. Se desconoce el autor del mismo.
Retrocedamos en tiempo: " El pequeño mundo", eso era Culiacán en la década de los 30's.

La pequeña ciudad, cuyas colindancias comprendían: hacia el oriente, el callejón Aranjuez, hoy Venustiano Carranza; hacia el sur: la vía de " El Tacuarinero", hoy Boulevard Leyva Solano; hacia el poniente, la avenida Victoria, donde estaba el popular barrio de " La Vaquita"; hacia el norte, comunicando el puente "Cañedo", hoy Miguel Hidalgo, el barrio de "La tierra blanca".

El centro de la ciudad: La Plaza de Armas, con su kiosco, regalo de la colonia Alemana -hoy está en Quilá, Sinaloa-, el atrio y la majestuosa catedral, todo esto circundando por los portales, con arcos de medio punto -queda todavía una muestra en el cruce de Rosales y Paliza de ellos por la calle Rosales-; el majestuoso teatro "Apolo", donde actualmente es el edificio Clouthier, en la esquina de Juan Carrasco; el edificio del Banco de Sinaloa, hoy "Atlántico"; por la misma acera, para formar esquina con Rubí, el edificio de correos y telégrafos; en Rubí y Ángel Flores, el hermoso formato arquitectónico del mercado "Garmendia". Este es, más o menos, el formato de una pequeña ciudad, capital del estado, con aproximadamente 35,000 habitantes, y con las feraces tierras de sus valles sin explotar, lo mismo que las corrientes benéficas de sus tres ríos.

Las diversiones: Ir al cine-teatro Apolo, o al cine Lírico y al Culiacán que se encontraba ubicado por la calle Ángel Flores, entre Rubí y Morelos donde ahora es una tienda de electrodomésticos y línea blanca.

Otras diversiones: Oír la radio XEW, desde la Ciudad de México; presenciar los atardeceres en el paseo Niños Héroes, que comenzaba en la avenida Obregón con una preciosa pérgola a dos niveles, terminando en la calle, que entonces llevaba el nombre de "22 de diciembre", hoy Teófilo Noris; asistir a los juegos de baseball en el viejo estadio
Universitario; ir a la misa al Santuario o a la Catedral y tomar nieves con "Monobe", "Los Chapos" o en "La flor de México".
Hasta aquí, les he voceado lo que era "el pequeño mundo" de la familia culiacanense.

El proyecto estaba ya, construir el embalse hidráulico de "El Bledal" o presa Sanalona. Se iniciaba el cultivo de algunas tierras del valle de Culiacán, mientras en Europa los barruntos bélicos se empezaban a escuchar. La Guerra Civil Española era el prolegómeno experimental de la Alemania Nacional Social; en esta guerra civil entre hermanos, se experimentaban las armas que se usarían en la Segunda Guerra Mundial.

Pero aquí en Culiacán, un muchacho venido del norte del estado a estudiar en el entonces Colegio Civil Rosales, hoy Universidad Autónoma de Sinaloa, Enrique Maximiliano Gómez Blanco, traía en su cabeza lo que Marconi e lldfor habían puesto en práctica en Estados Unidos de Norteamérica e Italia: la telegrafía sin hilos en la radio.

Don Max Gómez Blanco, empezó a armar un pequeño transmisor con capacidad entre los 75 y 150 watts, en un gabinete "hechizo" y con una antena tipo "Marconi": dos mástiles y un cableado horizontal, más una consola también "hechiza" o rústica. Empezó a emitir señales desde su domicilio; él ya era maestro normalista y la docencia lo llevó al puerto de Mazatlán; ahí logró lanzar la señal clara y con cierta potencia, para transmitir música y mensajes culturales, bajo las siglas XEBP; posteriormente es regresado a la capital del estado y prosigue con su idea de poner a funcionar la radio, logrando a finales de 1936, la XEBL. Empezó sus labores en el edificio del Internado del Estado, Teófilo Noris y privada de Rosales, donde hoy son las oficinas del ISJUDE; la noticia de que Culiacán contaba con una emisora radiofónica, corrió como reguero de pólvora en la adormilada ciudad-capital, y la escuchaban en los radio-receptores, los que lo tenían , cuyas marcas "Telefunken", "Phillips", "Zenith" de origen holandés y alemán respectivamente, o los famosos radio-receptores catedral en las marcas: Fairbanks, Morse, Crosley, Admiral, R.C.A. Víctor y otros, permitían pues escuchar las transmisiones de la incipiente recién nacida X.E.B.L.

Por algo X.E.B.L. se conoció y se conoce como " La precursora de la radio en Sinaloa".

Don Max Gómez Blanco, afirma que él veía la radiodifusión, no como un negocio, sino como una afición y tiene toda la razón del mundo, puesto que para poder subsistir siguió ejerciendo el magisterio.

Posteriormente, la XEBL cambia de domicilio, se va a la calle Benito Juárez, entre Riva Palacio y Teófilo Noris, la cual era la casa habitación familiar; ahí se arma la cabina, la oficina y un pequeño teatro-estudio, en el cual se transmitieron programas con la voz de Pedro Infante, cantando naturalmente, el trío Culiacán, la orquesta "Estrella" del maestro don Refugio Soto, "Los embajadores del Ritmo" de don Pedro Álvarez del Cachi Anaya y sus "Reales"; en la locución para el estudio se contaban con las voces de: Enrique Romero Jiménez, Juan Macedo López, Jaime Aguirre de los Ríos -al cual consideramos el decano de los locutores en Sinaloa-, José Félix Salazar, Alfonso Félix Paliza -empezaba a hacer sus "pininos"-, Héctor Félix Paliza, Salvador Peregrina y otros que escapan a la memoria de quien nos platica esta pequeña pero interesante historia.

En el año de 1940, un mochitense inquieto, ya con el sentido de que la radio comercial era y debería ser "negocio", don Roberto Pérez Alvarado, es concesionario por la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, con la estación X.E.S.A.
1000 watts de potencia y frecuencia localizada en el dial con el número 1360 Kcs. La ubicó en la Avenida Juan Carrasco esquina con Rosales, sí, así es, exactamente donde está el cancel de acceso a conocida y vieja institución bancaria: Banamex.

Tanto para Don Max Gómez Blanco de la "BL", como para el debutante don Roberto Pérez Alvarado, empezaba la "competencia"; a las dos estaciones las protegía el antecesor de Televisa: RADIO PROGRAMAS DE MÉXICO. Ya les llegaban las cuentas nacionales, ya se empezaba a anunciar el pequeño comercio de la ciudad: Don Germán Lupio, Farmacia Cruz Roja, La tienda nueva de Bonardel, La Casa Colorado, El Remate Azul de Alberto Farjí, la zapatería "Estrella" de Don Luis Larrauri, JM Hiser distribuidor Ford -Riva Palacio y Ángel Flores-, la Studebaker, primero ubicada por la Rosales, era vecina de la "SA".

Y después se cambió a Blvd. Madero entre Donato Guerra y Riva Palacio, precisamente donde hoy esta el edificio de conocido diario con origen mochitense... ¡lo adivinaron! Ahí se vendían carros Studebaker, y anunciarlos era motivo de agradables y divertidas disputas entre "BL" y "SA".

Poco después, Don Max Gómez Blanco muda la "BL" de domicilio al Club Atlético Humaya, ubicado en Escobedo y Obregón, con la ventaja de que ahí existía un teatro-estudio natural, que era la pista de baile, a lo cual inmediatamente Don Max aprovechó el foro donde se instalaba la orquesta amenazante de los bailes, para de ahí, iniciar una serie de programas socioculturales, que la gente que no asistía al club, escuchaba con verdadera atención teniendo una fuente de aprovisionamiento, para tener al día siguiente materia para "el recorte", "el rebane", "la tijera".

Seguía la competencia entre la "BL" y "SA"; en los Mochis, nacía la XECP y la XECW; en Guasave, la XEGS; en Mazatlán, la XETK y la XERJ; en el Rosario, la XEHW.

Mientras tanto, Culiacán seguía con sus estaciones de radio, hasta que en 1946 nace X.E.C.Q. "las iniciales de oro en Culiacán”, 5000 watts de potencia, 920 KCS en el cuadrante y con una programación revolucionada. Esta emisora estaba ubicada en Paliza e Hidalgo; ahí se integran nuevas voces con los hermanos Arnoldo y Rodolfo Cárdenas Trasviña, Armando Aguirre "El Naranjito"; estos tres emigraron hacia la frontera norte a principios de los 50's; otros como: José Sánchez, que actualmente trabaja para el grupo "Radio Centro" de la capital de la República; "El chaparro prado" y Castillo Leucone, que radican también en Tijuana, Baja California; y como "Chícharos": José Rodolfo Guerrero Godoy y José B. Galindo Ortega. Al frente de esta concesión, que usufructuaba Óscar Pérez Escoboza, estaba Don Carlos García Rivera Jr.

El esfuerzo competitivo se triplicaba para los otros dos concesionarios con el nacimiento de XECQ. Ya Culiacán, en esa época de post-guerra, empezaba a desarrollarse en el ramo agrícola y comercial. Ya eran 45,000 habitantes, se coqueteaba con los 60,000, y se empezaba a construir la presa "Sanalona".

AQUÍ ME QUEDE...
Las exportaciones hortícolas rendían muy buenos dólares a los agricultores. Recordamos que en 1947 fue un "año de oro" para la horticultura; el dólar entonces se cotizaba a 8.65, había un auge de crecimiento al sur de la ciudad, se habían roto los límites con la colonia Guadalupe, la colonia Almada se empezaba a desarrollar. Al norte crecía la ciudad con la colonia Chapultepec, seguía la tranquilidad en la zona oriente, todavía permanecían inviolable Las Quintas, Huertas propiedad de la familia Redo, que surtían en temporada de los jugosos mangos del país y Manila de la ciudad, en "La Aurora", su chimenea soltaba el humo de pequeño ingenio, señal de que se estaba produciendo azúcar, y en sus campos se cultivaban y cosechaban: sorgo, maíz, ajonjolí, caña de azúcar y mangos.

Así permanece esta pequeña historia, de este pequeño mundo culiacanense, con su gente, su incipiente progreso, sus diversiones, entre ellas tres emisoras, la ciudad seguía siendo de su gente, la que la disfrutaba, la gozaba, la defendía, pero el precio del progreso es caro y se tiene que pagar.

En el año de 1957, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, concesiona al inquieto don Héctor Ramos Rojo, para que explote comercialmente una estación difusora bajo las características siguientes: X.E.N.W. "La Voz de¡ Valle de Culiacán" , 1400 KCS, 1000 watts de potencia y la ubica en-. Juan Carrasco 107 norte segundo piso, el transmisor y la torre ubicados en el ejido "El Barrio", y después de 11 años de no tener novedad radiofónica, la NW se coloca a la cabeza en popularidad debido a su programación balanceada, su excelente sonido y sus voces frescas y ágiles: Gustavo Estrada, José Félix Salazar, Víctor Manuel "El Chapo" Zarate Urbina, Héctor Manuel Martínez Serrano -labora hoy en la XEW de la capital de la República-, Jaime Aguirre de los Ríos, Arturo Pérez Casas, Cesar Alfredo López García, Guillermo Macedo, Susana Gutiérrez y otros, logrando aumentar la curva de la competencia, ya eran cuatro estaciones de radio, la BL había aumentado su potencia a 5 000 watts y don Enrique Gómez Blanco tenía otra concesión para X.E.N.Z., 570 kcs, 1 000 watts, la cual funcionaría el 10 de mayo del mismo año, la CO estaba en Escobedo 226 pte. con un teatro-estudio para 250 butacas, modernos equipos de reproducción y muchas ganas de sobresalir en popularidad y ventas.

Bajo la dirección de Carlos García Rivera Jr. en las ventas y en la dirección radiofónica, producción de programas, el extraordinario locutor y creativo, Héctor Félix Paliza.

En 1958, Don Roberto Pérez Alvarado se trae a Culiacán la X.E.W.S. con 5000 watts, 1010 kcs, luego en El Dorado, Sinaloa, Martín Larios León transmitía a prueba de la X.E.E.X.

Al poco tiempo, Navolato, sindicatura de Culiacán entonces, despierta con los sonidos en el auditorio y el comercio culichi.

Guamúchil, el entonces municipio más joven de Sínaloa, recibe también su radioemisora, la X.E.J.L., 1 000 watts, 1450 kcs.

Entre 1960 y 1970, las estacione se mantienen sin depender de ninguna cadena radiofónica nacional como:Radio programas de México, Radio Cadena Nacional de Rafael Cutberto Navarro creador de las radionovelas: Kalimán, El Ojo de Vidrio e innumerables obras, lo que hoy son las telenovelas.

En todo Sinaloa, especialmente en Culiacán y alrededores, la gente se pegaba a la radio para escuchar: "El trono al Cadalso", "Corona de lágrimas", "Nalda Palowski" , "El Ojo de Vidrio", "Kalimán" y otros apasionantes temas que mantenían en suspenso la imaginación del oyente- el mambo, el suby, el rock and roll, el twist, el cha cha cha, el porro, la cumbia, la auténtica música regional sinaloense, con los Guamuchileños, los Tamazulas y la del Recodo, partían el “queso" en la frecuencia radiofónica sinaloense.

A finales de los años 70's, X. E. B. L. se pone en venta, adquiriéndola los hermanos Pérez Ramírez de Guadalajara, después la X.E.S.A. se vende al señor Oscar Pérez Escobosa dueño de X.E.C.Q. y de X.E.R.J., también X.E.W.S. se vende al Grupo Nacional de Unión de Radio S.A. que comandaba el Dr. De la Rosa, después se convertiría en grupo "Acir”. Salvador Aguilar Montenegro después de trasladar la cabina y oficinas de la X. E. N. S. M. ya en otra frecuencia 830 kcs y con las actuales siglas X.E.V.Q también la pone en venta, resultando el grupo "Noroeste" quien la adquiere, pero a los pocos años es vendida a "Grupo Acir" que también compra X.E.E.X., la cual transmitía desde Eldorado, Sinaloa.

Así se empiezan a consolidar las cadenas: primero Promotora de Medios, S.A. constituida por X. E. C. O., X. E. S.A., X. E. B. L., luego se integra "Grupo Acir' con X.E.W.S., X.E.V.O y X.E.E.X. este grupo es el más estable, se ha mantenido al paso de¡ tiempo logrando una magnífica aceptación por el público oyente en sus cinco frecuencias que son con las que cuenta actualmente, pues fue el primer grupo que instalara una emisora de frecuencia modulada y estereofónica, actualmente cuenta con otra estación de características similares, como XHCLI- FM "ESTEREO FESTIVAL".

Parece ser que el inicio de la década de los 90's es el "parte aguas" para que la lluvia de sonidos aumente en el municipio.

Decimos esto porque si en la década de los 50's Culiacán contaba con cuatro estaciones, al finalizar la misma, Culiacán ya contaba con siete estaciones de amplitud modulada y que eran: X.E.B.L, X.E.S.A, X.E.C.O, X.E.N.W.,X.E.N.Z, X.E.W.S. Y X.E.V.Q., todas hasta entonces con un poder de radiación de 19000 watts, para una población que ya empezaba a rebasar los 100, 000 habitantes. Al iniciar la década de los 90's aumentan en número de frecuencias radiofónicas, en 1992 lanzan al aire sus primeras señales las estaciones AM- X.E.W.T., X.E.C.S.I. y XHIN-FM, bajo el control del Grupo Sinaloa.


A nivel estado, las principales ciudades también incrementaban sus estaciones de radio: Los Mochis, Mazatlán, Guasave, Guamúchil cuya estación X.E.J.L. era adquirida por Don Héctor Ramos Rojo, y Don Roque Chávez Castro plantaba su estación de frecuencia modulada en esa población y también en Guasave.

La industria de la radio es una verdadera industria, se ha logrado con la unificación de criterios generales, tomados en común acuerdo por quienes dirigen los destinos de la misma.

Ahora se han incrementado las escuelas de comunicación y publicidad, ha aumentado el número de estudiantes de la misma carrera y que ahora existen más agencias de publicidad, creemos que la radiodifusión ha tornado incrementos en- sociabilidad, es decir, más contacto con el auditorio, no a través del teléfono sino contacto físico, presencia física para con el oyente y del oyente para con la radio, el incremento de la cultura, pues es la radio un medio de gran penetración para impartir cultura, esto implica una mayor cultura de los comunicadores, llámense: locutores, animadores, comentaristas, lectores de noticias, etc.

En el espectáculo diario que se brinda se aplican criterios bien establecidos, sobre qué materiales discográficos se van a usar olvidándonos de lo mal llamado “popular”, pues existe mucha música popular mexicana que eleva los valores de la familia y del individuo, en Grupo Acir tenemos cuidado especial en no tocar música que haga apología del delito, que en otras plazas de acuerdo a la idiosincrasia de cada pueblo o ciudad son todo un éxito.

Los servicios sociales, que como su denominación lo indica, son para cubrir la necesidad de llegar a comunidades que carecen de otros medios de comunicación, correo, telégrafo, etc., deberán y deben de ser gratuitos, mas sin embargo hay medios que cobran este tipo de mensajes, cuando son redactados en forma objetiva y sencilla, sirven como factores culturizantes y de apoyo.

En si, creo en forma personal que la radiodifusión comercial es no nada más comercial, sino que también por compromiso incluye lo cultura¡ y lo social. Como en años pasados la radio es un divertimento hogareño perfectamente aceptado y que está presente en todo lugar a toda hora del día y de la noche.

Recordemos que con la radio, somos los primeros en enterarnos de los acontecimientos políticos, sociales, económicos, financieros, culturales, deportivos, musicales, de diversión y espectáculo.

Aquí, allá o donde estemos, la radio estará siempre con nosotros, con la inmediatez característica de este medio.
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Enseguida reproducimos un artículo cuyo título es: "Haciendo historia del viejo Culiacán" escrito y firmado por el conocido locutor Francisco Buelna Bojórquez y que aparece publicado en el volumen dos de la revista ESCAPARATE de esta capital.
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Se me ha invitado a participar en una aventura. Se me ha invitado al nacimiento de un órgano informativo, que como bebé que va a nacer, se desconocen sexo, cara, color y claro, su futura forma de ser.

No soy un adivino y tampoco un profesional del periodismo, pero ser invitado para colaborar en una revista, es un honor y una incógnita para el director de la misma. Esto, pues, es una real aventura.

Se me ha pedido que escriba algo sobre la historia de la radio en la ciudad; lo voy a hacer con mucho gusto, porque es, verdaderamente la historia de mi vida. La historia de la radio es la historia de la ciudad, crecen con igual velocidad.

Mis comienzos en este medio, datan de 58 años atrás, cuando recibí mi autorización como locutor.

En ese entonces era un Culiacán bastante chico, cuando podíamos gozar de las enchiladas del suelo de la "Güera" en el legendario Mercadito Vizcaíno y del recordado "Café de Don Julián". Ahí solíamos curar las trasnochadas: El "Negrumo" compositor de nuestro bellísimo himno "Culiacán", el Chino Flores "trompetista de la orquesta Estrella, "Toñico" Pineda, Héctor Paliza, Víctor Manuel Zárate Urbina y tantos y tantos periodistas y locutores que hacíamos mancuerna, dizque para pasar un momento bohemio.

La radio de aquellos días se limitaba a tres radiodifusoras que eran a saber: XEBL, XESA y XECQ, propiedad de Don Enrique Max Gómez Blanco, Roberto Pérez Alvarado y Don Óscar Pérez Escoboza, respectivamente.

En ese tiempo, los radiodifusores exigían que el locutor tuviera una voz grave, bien modulada, buena dicción y magnífico énfasis. Por ese entonces, ya eran famosos Carlos Peregrina Cano, Ramón Guzmán "El Tosco", Enrique Alonso Álvarez, Jorge Medina León, Rodolfo Clark Rea, Ramón García Roble, Alfonso y Héctor Paliza y tantos otros que escapan de mi memoria.

Buscando la superación de los locutores locales, los dueños importaban voces para competir o aprender de ellos, aunque fueran las mañas. Así conocimos a locutores de la talla de León Sánchez Arroyo "Fray León", José Castillo Leuconue, Miguel Franco Prado, Víctor Lamadrid, etc.

Eran los pañales de la radio y precisamente por eso conocimos un aparatito que llamaban OP7, el que ligado a un teléfono nos permitía transmitir fuera de cabina.

Iniciábamos los controles remotos, sobresaliendo uno que se pasaba desde la tienda de ropa "La Competidora" de Nacho Campos y que hizo popular el locutor Carlos Peregrina Cano. La competencia empezaba a ser grande y precisamente, junto a "La Competidora" estaba otra tienda llamada "El Progreso" de Don Salvador Camarena, sito en la esquina de Hidalgo y Carrasco, estando a cargo de "El Flaco", su servidor. Las competencias continuaron con "Las Fábricas Nacionales" de Don Tirso Cascajares, El Remate Azul de Farjí El Barato, Peso peso de Emigdio Gaytán, Zapaterías Atlas, Casa Lupio, El Nuevo Londres, Casa Rico, Zapaterías El Cielo de Don José María Ortegón, Las Tres de Chuyita Depraect y tantas más que dejo de mencionar por el espacio que me dieron, pero hasta el próximo número seguiremos con esta historia, para que haga un recuerdo del viejo Culiacán.

Hasta pronto, "El Flaco" Francisco José Buelna Bojórquez.
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